Juan José Hernández

Fragmento de la entrevista realizada para el archivo de la Audiovideoteca de Escritores, en el año 2006.


 

Juan José Hernández nació en San Miguel de Tucumán en 1931. Es autor de los libros de poemas Negada permanencia y La siesta y la naranjaClaridad vencidaLa ciudad de los sueñosDesideratum. Obra poética y Escritos Irreberentes. Publicó también los libros de cuentos La señorita estrella y Así es mamá. Recibió el Premio Municipal de Narrativa (1965), la Beca Guggenheim (1969) y el Premio Konex (1984). Murió el 21 de marzo de 2007, en la ciudad de Buenos Aires.

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Biografía de Juan José Hernández

1931 Nace en San Miguel de Tucumán. “Cuando yo era chico la gente de la provincia vivía mejor que ahora, en casas espaciosas de dos o tres patios y fondo de tierra con árboles frutales y gallinero. Había lugar para jugar, para recibir amigos. Por suerte, no me crié en un departamento como esos que abundan en Buenos Aires (y ahora también en Tucumán) donde los niños juegan en balcones alambrados como jaulas, entre la ropa puesta a secar, o en alguna plaza sembrada de excrementos de perros. El mundo de la infancia, en muchos de mis poemas, gira en torno, o mejor dicho al amparo de la figura materna y de la casa natal, que era como una emanación de ella, de su presencia bondadosa y nutricia. También cargada de sensualidad, como en un verso en que la llamo: Señora de la siesta, la del dulce abandono: tu reino en la frescura del patio, en los helechos”, expresó Juan José Hernández en una entrevista realizada por Conrado Yasenza, en Tecl@ Eñe (revista digital).

1952 Ediciones Botella al Mar, fundada por Arturo Cuadrado, publica en Buenos Aires su libro de poemas Negada permanencia y La siesta y la naranja. “La omnipresencia de Rilke y su simbología esotérica en la poesía argentina de aquellos años revelan una gran alienación. Yo rompí con todo eso en un libro que se llama ‘Negada permanencia’, compuesto de poemas atropellados y sensuales en los que aparecían las palabras salvadoras: girasol, ombligo, saliva, tacto, sangre, semen, sal, sol. Sí, fue lo que me salvó de caer en el manierismo metafísico de Rilke”, entrevista de Pablo Gianera y Martín Prieto, Diario de Poesía Nº 51, primavera de 1999.

1957 Su segundo libro de poemas, Claridad vencida, es publicado por Burnichon Editor. “Tuve la suerte de que Burnichon Editor publicara mi segundo libro de poemas: Claridad vencida. Alberto Burnichon, el Barbas, como lo apodaban sus amigos, era un personaje pintoresco: editor y librero, recorría en una camioneta Citröen el noroeste del país vendiendo libros. Muchos poetas jóvenes de la región publicaron sus primeros versos en preciosas plaquetas financiadas por él. Burnichon amaba la literatura, el teatro y el buen vino compartido con amigos. Lo asesinaron en Córdoba, al comienzo de la dictadura militar,” declarará en la entrevista realizada por Conrado Yasenza para La Tecl@ Eñe, revista digital.

1961 Ingresa como redactor al diario La Prensa.

1965 Aparece su libro de cuentos El inocente, que recibe el Premio Municipal de Narrativa.

1966 En Buenos Aires, se publican los libros de poemas Elegía, naturaleza y la garza (Bournichon Wditor) y “Otro verano” (Editorial Sudamericana).

1969 Recibe la beca Guggenheim.

1971 Se publica su primera novela, La ciudad de los sueños (Centro Editor de América Latina).

1977 Aparece en Buenos Aires el libro de cuentos La favorita, publicado por Monte Ávila Editores,

1984 Recibe el premio Kónex Diploma al Mérito en la categoría “Primera Obra publicada después de 1950”.

1992 El Centro Editor de América Latina publica el libro de cuentos La señorita estrella.

1996 Se publica, en Buenos Aires, el libro de cuentos Así es mamá (editorial Seix Barral).

2001 Adriana Hidalgo Editora publica, en Buenos Aires, Desideratum. Obra poética, libro que reune su obra poética entre 1952 y 2001. Incluye “Negada permanencia, la siesta y la naranja”, “Claridad vencida”, “Otro verano”, “Cantar y contar”, además de traducciones de los poetas Paul Verlaine, Jean Cassou, René Guy Cadou y Tennessee Williams. “Es cierto que Juan José Hernández, como aquellos, procura en su obra un tono nacional, exalta las costumbres, el erotismo velado del Norte. Pero también denuncia la honorabilidad del presente y lo epopéyico del pasado. Sí, para él la naturaleza lo es todo. Por eso detesta el ánimo infalsificable de las personas y de los objetos (y es exactamente por lo contrario que Carlos Mastronardi celebra a Lugones). La naturaleza para Hernández es siempre más rica (más contradictoria, más peligrosa) que cualquier fórmula social, ávidas éstas por denunciar los actos que amenazan la estabilidad, y de encadenar, a quienes los cometen, a castigos simbólicos de proporciones metafísicas. Si la poesía tiene que ser, o debería ser algo más que una afortunada combinación de palabras y ritmos, Hernández, en un lenguaje de una soltura abrumadora, en imágenes francas y penetrantes, vitrifica las cualidades puramente formales de la escritura para hacerlas estallar contra el recato, contra un Lugones, un Groussac, un Hemingway. O contra la vociferante crítica académica que, afónica, desfallece entre vítores y adjetivos por el oscurantismo y los ímpetus vanguardistas. […] Y por último: le importa el mundo exterior. ‘No me den lo real, denme lo verdadero’, reclamaba Proust y parece reclamar Juan José Hernández, que insiste a lo largo de su obra poética sólo en aquellas verdades que tienen capacidad para generar vida, y que son, por lo tanto, las únicas verdaderas”, escribió Sergio Di Nucci para Página/12, suplemento Radarlibros, en noviembre de 2001.

2003 Aparece en Buenos Aires su libro de ensayos Escritos irreBerentes, publicado por Adriana Hidalgo Editora. “El escritor Juan José Hernández dio a conocer su libro de ensayos Escritos irreBerentes, donde el retrato de sus amistades −Alejandra Pizamik, Silvina Ocampo, José Bianco− se cruza con el cuestionamiento de la figura pública de literatos del siglo XX, como Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones y Adolfo Bioy Casares. De este último, dice Hernández que era ‘egocéntrico y coqueto’ y que ‘ambicionaba perpetuar, a la par de sus ambiciones literarias y chismes de boudoir, sus preferencias en materia de ropa, comida, perfumes y demás exquisiteces de su regalada vida’. […] ‘El titulo surgió al final de una conferencia que ofrecí sobre el erotismo en la obra de Lugones, cuando una señora me acusó de ser irreverente para con el poeta. Me llamó la atención esa palabra. La obra de cualquier escritor y en especial la de los consagrados debe ser leída con espíritu crítico, sin ningún tipo de inhibiciones, o supersticiones literarias’. De ese inconformismo surge el título de este libro que incluye reflexiones sobre ‘erotismo y pornografía’; ‘cuento y realidad’ y ‘poesía y región’: ‘La gente se horroriza ante una falta de ortografía como si uno cometiera un pecado supremo. IrreBerente, con la B larga propone en cierto modo, la saludable práctica de la irreverencia, incluso hasta con la ortografía’”, escribió Jorge Boccanera para La Capital de Rosario, en abril de 2004.

2004 Adriana Hidalgo Editora reedita La ciudad de los sueños. “Es una novela breve, una nouvelle. Surgió cuando yo trabajaba de periodista, en un ambiente furiosamente antiperonista. Casi un reducto del gorilaje de Buenos Aires. Y a mí me parecían que exageraban la nota. La novela tiene ese trasfondo de la decadencia de una clase que no puede superar el fenómeno del peronismo. Y el resentimiento de esa clase. La heroína, o podría decir más bien la antiheroína, tiene el complejo de que es morena, de que es fea porque no responde al canon de belleza aceptado, aunque logra romper con todas esas supersticiones y con el discurso que tenía aprendido de su infancia en la provincia”, dirá Hernández en una entrevista con Román García Azcárate para Clarín, en diciembre de 2004.

2007 El 21 de marzo, a las 21 horas, muere a causa de un paro cardíaco luego de una larga lucha contra el cáncer. Póstumamente, el 1 de abril aparece, en el diario La Nación, su poema “El ventilador”. “Juan José Hernández, que acaba de morir mucho antes de lo que hacía prever la regocijante lozanía de su espíritu, fue un escritor ejemplar. Su genuino talento obedecía a una disciplina literaria manifiesta tanto en la perfecta proporción de su prosa como en la contenida expansión de sus versos. La razón velaba siempre en la articulación de sus párrafos y de sus estrofas y le procuraba a su obra la transparencia que se desplegaba ante el lector. Abominaba del estilo sucio y desprolijo, de la informalidad vulgar, de las falsas enumeraciones caóticas, de las construcciones descoyuntadas, de los trozos de vida sin faenar. Y a pesar de no practicar la literatura de las cosas tradicionalmente bellas y, por el contrario, incluir lo feo, lo cotidiano y la sensualidad más intensa, consideraba que la palabra, vértice de la literatura, no debía ser degradada ni en los momentos de las más crudas referencias.”, escribió Jorge Cruz en el diario La Nación, Buenos Aires, domingo 1 de abril de 2007.

2008 Se reedita Escritos Irreberentes por la editorial Adriana Hidalgo, que reúne los mejores ensayos críticos que compuso a lo largo de medio siglo en suplementos culturales porteños y tucumanos. “Compuesto por páginas dedicadas a personalidades literarias ejemplares como: Rubén Darío, Silvina Ocampo, Octavio Paz, Juan Liscano, Pablo Neruda y Enrique Molina, entre otros. El libro revela un común denominador: su interés por vindicar la poesía erótica. Tema predilecto, que florece en su prosa amena y exuberante […] Dueño de una finísima pluma, logra atraer al lector con sus páginas efervescentes; brotadas de gustosa sensibilidad. Para ilustrar su arte, haré mención tan sólo de un ejemplo de su galana escritura […] Lo mismo se puede asegurar de sus apreciaciones estéticas que el delgado volúmen duplica en cantidad. ‘Lugones: la Luna-doncella en su poesía amorosa’, es un lúcido estudio de la poesía modernista de ‘Lunario sentimental’. También lo es ‘Pretérito perfecto: ¿una novela experimental?’, donde cuestiona la novela urbana, y sus posibilidades formales. Siempre con pasión, la elaborada sencillez de su prosa esclarece ciertos aspectos desconocidos de Las ratas, novela de José Bianco, la poesía de su amiga Alejandra Pizarnik, como también desmitifica la figura estatuaria del escritor Adolfo Bioy Casares. Con agilidad, revive el Siglo de Oro español, recordando a Garcilaso de la Vega, Juan Boscán y San Juan de la Cruz. Sus artículos, al no ser ponderativos, recurren como en William Hazlitt, a un equilibrado juicio de criterio. Se trata de ensayos que exigen como en las verdaderas literaturas -léase: Arnold Bennett, Charles Lamb, Borges, o Ezra Pound- una lectura sensual y hedónica. La ironía y el humor son dos características que no le son ajenas a su estilo. Por fortuna, Escritos irreberentes, es un libro que enriquece las letras nacionales dado que aún demuestra que es posible la literatura no degradada” (Augusto Munaro en Asesinos Timidos Blogspot, Septiembre de 2008).

Bibliografía de Juan José Hernández

  • Negada permanencia y La siesta y la naranja. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Botella al Mar, 1952.
  • Claridad vencida. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Burnichon Editor, 1957.
  • Elegía, naturaleza y la garza. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Bournichon editor, 1966.
  • Otro verano. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Sudamericana, 1966.
  • La ciudad de los sueños. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1971; Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2004.
  • La favorita. Cuentos. Juan José Hernández, Buenos Aires, Monte Avila Editores, 1977.
  • La señorita estrella. Cuentos. Juan José Hernández, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1992.
  • Así es mamá. Cuentos. Juan José Hernández, Buenos Aires, Seis Barral, 1996.
  • Desideratum. Obra poética. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2001.
  • Escritos Irreberentes. Poesía. Juan José Hernández, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2003.